30.3.09

En Madrid con Xururuca (ahora sin)



Con Xururuca en mis manos llegar desde cualquier punto en Madrid hasta General Diaz Porlier 36 resultaba fácil. Sin darme cuenta iba a paso lento devorando páginas, quizás mi inconsciente pretendía imitar el andar de tío Edmundo: despacito para evocar nostalgias.

Tío Edmundo y yo no tenemos otro vínculo que el nacido durante esos slow walks madrileños. Y es que se me da eso de adoptar a los personajes y apropiarme del protagonista de un libro, más si el relato es en primera persona. No he sabido -ni quiero- leer asumiendo el papel de audiencia porque concibo a la lectura como el único arte que te permite volverte autor y protagonista sin que salten los verdaderos a reclamar su lugar, pues lo saben compartido.

Puede que para algunos compartir no resulte fácil, pero ese no es el caso de José Mauro de Vasconcelos, un mestizo que nació en 1920 en Río de Janeiro y que fue desde pescador hasta entrenador de box. Para suerte nuestra, y colgando todas las profesiones que hasta entonces lo acompañaban más por necesidad que por voluntad propia, comenzó a viajar por Brasil, a escribirlo e interpretarlo. En 1968, logró un Best-Seller: Mi Planta de Naranja Lima (de donde yo adopté a Tio Edmundo).

Escrita en 9 capítulos y con lenguaje de vulgo, es una de las obras más leídas de la literatura brasileña. La vida de Zezé -que bien puede representar la de Vasconcelos- es la que da hilo a la historia y te va envolviendo, de tal forma, que caminar o tomar el metro sólo para leer se convierten en momentos esperados.
El principio, y para no dañarles el final, te da el primer golpe y tuego te arranca las primeras sonrisas: Zezé le pregunta a Totoca si la edad de la razón pesa e inmediatamente después compara a los niños con los jubilados en vista de que "tampoco hacen nada. Comen, duermen y ganan dinero de los padres".


Las fantasías de Zezé lo hacen y nos hacen vivir el mundo a través de sus ojos. Vasconcelos, como una vez lo hizo Exupery con el principito y la flor, logra que sintamos lo que Zezé por Xururuca o Minguito, su planta de naranja lima cuyas cualidades humanas la convierten en su confidente y amiga. La vida de Zezé es el marco perfecto para exponer como el dolor te hace crecer sin respetar etapas, como la pobreza puede lastimar hogares, como el suicidio marca a un niño y como el que te separen de un amigo -cortándolo- puede obligarte a enteder cuanto pesa la edad de la razón...

Ahora me quedé sin xururuca pero con Vamos a calentar el sol. Sí, entré en una veta de literatura brasileña de la que no saldré por un rato.
Me olvidaba: Vamos a calentar el sol es la segunda parte de Mi Planta de Naranja Lima.